lunes, 30 de enero de 2012

VIDA FRUCTÍFERA

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.
Salmo 1: 1-3



¿Cómo puede el creyente practicar el Salmo 1.1–3? Empieza con sumisión al Señor, una sumisión diaria de todo lo que somos y tenemos (Ro 12.1–2). Incluye pasar tiempo con la Palabra de Dios, leyéndola y meditando en ella. Quiere decir vivir separados del mundo (no aislados, por supuesto, sino separados de su contaminación). Exige una vida con raíces que beben de los recursos ocultos de Dios. Qué vida bendecida, una que satisface aquí y en el más allá.