martes, 30 de diciembre de 2014
domingo, 28 de diciembre de 2014
viernes, 26 de diciembre de 2014
Frente al miedo
"Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya."
Lucas 22.42
Jesús estaba más que ansioso; tenía miedo. El miedo es el hermano mayor de la preocupación. Si la preocupación es una bolsa de arpillera, el temor es un baúl de concreto. No se puede mover.
Es notable que Jesús sintiera tal temor. Pero qué bondad la suya al contárnoslo. Nosotros tendemos a hacer lo contrario. Disfrazamos nuestros miedos. Los ocultamos. Ponemos las manos sudorosas en los bolsillos, la náusea y la boca seca las mantenemos en secreto. Jesús no lo hizo así. no vemos una máscara de fortaleza. Escuchamos una petición de fortaleza.
"Padre, si es tu voluntad, quita esta copa de sufrimiento". El primero en oír este temor es el Padre. Pudiera haber acudido a su madre. Podría haber confiado en sus discípulos. Podría haber convocado una reunión de oración. Todo podría ser apropiado, pero ninguna otra cosa era su prioridad. Se dirigió primero a su Padre.
lunes, 15 de diciembre de 2014
La Pascua Diaria
Una maestra de preescolar escuchó sin querer una conversación entre sus alumnos. La pequeña María lanzó la pregunta: «¿Quién ama a Dios?». Todos respondieron: «¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!». Guillermito dijo: «Yo amo a Jesús». A lo cual, Carla protestó: «Pero Él murió». El niño respondió: «Sí, ¡pero cada Semana Santa resucita!».
Es evidente que Guillermito todavía tiene que aprender algunas cosas sobre la Pascua. Sabemos que Jesús murió una vez y para siempre (Romanos 6:19; Hebreos 10:12), y que, por supuesto, resucitó de los muertos una vez. Tres días después de pagar en la cruz la pena por nuestros pecados, el Jesús inmaculado conquistó la muerte al resucitar de la tumba y destruir el poder del pecado. Este último sacrificio de sangre abrió el único camino para que ahora tengamos una relación personal con Dios y un hogar con Él para la eternidad.
«Cristo murió por nuestros pecados […]; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día» (1 Corintios 15:3-4). Prometió preparar un lugar para nosotros (Juan 14:1-4) y que un día volverá. Llegará el momento en que estemos con nuestro Salvador resucitado.
Por esta razón, cada día tenemos un motivo para celebrar la resurrección de nuestro Salvador. «Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca» (Salmo 34:1).
sábado, 6 de diciembre de 2014
¡Carta de un confundido!
No sé en que momento llegue aquí, a este instante en donde me siento vacío, solitario, desesperado y confundido. No sé como deje de pensar en Dios, no se en que momento lo saque de mi mente, no entiendo como me deje llevar tan fácilmente.
Lo que antes para mi era prohibido se hizo normal, me acostumbre a pecar, el dolor por hacerlo desapareció poco a poco, mi mente ya no me acusa y hasta en ocasiones siento placer de hacerlo, ¡Que ha pasado conmigo!
Era tan sensible a su presencia, sin embargo ahora me he convertido en un insensible, no puedo sentirlo, no hago nada por experimentarlo, me paro allí esperando que algo pase y no pasa nada, sé que soy el problema sin embargo no hago nada para salir de allí.
Me encuentro en un hoyo profundo, no tengo intención real de cambiar aunque sé muy bien que estoy mal, me canse de ser bueno, me canse de perder aunque se que para ganar tengo que perder, en ocasiones lo he cuestionado y aunque se las respuestas y que la razón siempre la tiene Él no se porque razón me hago preguntas
sin sentido.
El fuego se apago, la pasión la opaqué, al Espíritu Santo lo contriste y lo peor de todo es que soy consciente de todo y no hago nada para solucionarlo. ¡Ay de mi! ¡En quien me he convertido!
¡Lloro de pena!, ¡Lloro de dolor!, ¡Lloro al recordar lo que era y lo que ahora soy!, ¡Cómo pude llegar a esto!, ¡En que momento paso! ¡Ay de mi! ¡Pobre de mi!
Hoy en verdad quiero comenzar de nuevo, y aunque no tengo deseo de hacerlo ¡Tengo que hacerlo!, no me gusta ser quien soy aunque a mi carne le agrade, mi espíritu no se conforma.
Dentro de mi sé que no he nacido para esto, no es lo mío vivir así, Dios me marco para ser uno de los suyos, para hacer la diferencia, para vivir con pasión, para llevar a cabo su obra, para cumplir sus planes, por eso y más ¡Tengo que salir de aquí!
¿Cómo hago si no tengo deseo de hacerlo?, ¿Cuál es la clave para salir de aquí?, pues lo he intentado en otras ocasiones y no lo he logrado, sin embargo, hay algo dentro de mi que me dice que esta vez si podré, entonces me pregunto ¿Por qué esta vez si?, y una dulce voz me susurra al oído y me dice: “Porque esta vez, yo seré en ti y no te soltaré” y rápidamente viene a mi mente un versículo que siempre he recordado: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé” Josué 1:5 (Reina-Valera 1960).
Lágrimas fluyen, el dolor de haber fallado inunda mi ser, vuelvo abrir los ojos, aquellos que había cerrado a base de pecado, y al ver me doy cuenta que estoy parado en el lugar equivocado, haciendo lo que nunca debí haber hecho, un arrepentimiento genuino nace en mi corazón, me postro ante su presencia mientras lloro como un niño y le pido perdón por todo.
Un tierno abrazo se hace sentir en mi ser, un Dios Consolador acaricia mi espíritu, de pronto una determinación real nace en mi corazón, Dios me hace ponerme de pie, seca mis lagrimas, limpia mi rostro, levanta mi barbilla hacia el cielo y me recuerda que soy su hijo diciéndome: “Tu eres y siempre serás mi hijo, ve y vive como tal”, mientras mi ser se llena de una fortaleza muy grande, mi mente se renueva y nuevamente vuelve a pensar claramente, aquella pasión perdida regresa, siento ahora el fuego en mi, pero sobre todo me propongo a que esto no sea momentáneo, sino permanente.
Ahora es mi tarea, ahora es mi turno, de mi depende no volver a perder aquello que poco a poco desaparecí, el fuego, la pasión, el amor y el deseo de hacer el bien, eso y mucho más es mi tarea mantenerlo fluyendo en mi vida y no hay otra forma de hacerlo que estando cerca de Él.
No me alejaré, no m e perderé, no me confundiré más, ahora viviré cerca de ti cada día de mi existencia y cuando la duda venga la derrotaré con la fe y cuando el deseo aparezca lo venceré con una actitud santa de vivir para Dios.
Su fuego será mi poder, la pasión por Él mi fuerza, y mi amor hacia Él el motivo por el cual luchar cada día de mi existencia por vivir como su hijo, porque mi Padre se lo merece.
¡Adelante! ¡Tú también puedes hacerlo!
lunes, 1 de diciembre de 2014
Malabaristas
Días atrás observaba a un malabarista callejero, hacer sus destrezas en una esquina, mientras duraba el corte del semáforo. Más allá de su extraordinaria habilidad, lo realmente sorprendente es que favorecido por la oscuridad de la noche ¡hacía su improvisado número con unas antorchas encendidas! Las teas volaban alto y con una precisión y sincronización admirables eran recibidas abajo y vueltas a lanzar hacia arriba en una exhibición de habilidad y destreza verdaderamente increíble que se podía ver desde varias cuadras de distancia.
Si el extraordinario espectáculo que se ofrecía en aquella esquina de mi ciudad a cambio de unas pocas monedas, que acaparaba todas las miradas, ya era de por sí interesante; no eran menos dignas de observar las caras de transeúntes y automovilistas, con una expresión mezcla de estupor, sorpresa, admiración… ¡y terror! Imagínense el desastre que podría provocar no sólo para el propio malabarista, sino también para automovilistas y transeúntes un mínimo error o desincronización, la caída de una antorcha encendida sobre un auto, o aterrizar sin más ni más sobre la cabeza de alguien.
Mi hija en una oportunidad intentó hacerlo con pelotitas de plástico. Y esto último, porque decidimos intervenir y confiscarle las naranjas, manzanas, peras y cuanta fruta a Ud. amado lector se le ocurra, susceptible de ser lanzada por los aires y destrozarse en el piso o estrellarse en su cabeza. Una semana estuvo con eso, hasta que por fin, para alivio no sólo de sus padres, sino también de las mascotas de la casa –el fox terrier, que aún vive y hace de las suyas, y una gatita– desistió y optó por ponerle toda la energía de su dedicación a otra cosa menos agresiva para su medio ambiente.
Años son los que les llevan a estas personas aprender la coordinación y destreza para sorprendernos con sus malabares. Muchos de ellos comienzan desde muy pequeñitos. Mientras más alto sube la pelotita, o cuanto más pesado es el objeto lanzado hacia arriba, con más fuerza y velocidad cae y es cuando hay que tener suma precisión y cuidado en cada lanzamiento. Un mínimo error hará que la pelotita se estrelle en tu cabeza, rompa algo o caiga en la cabeza de alguien más. ¡Ni hablar de malabares con antorchasencendidas! Te puedes quemar muy gravemente o tal vez ocasionar un terrible incidente.
La vida es cosa seria, muy seria. Sin embargo, muy lejos de ser un número típico de circo, a veces caigo en la cuenta de que se parece bastante al acto del malabarista. Comenzamos desde muy chiquitos a aprender a tomar decisiones, a hacer cosas, a proyectar para el futuro. Vamos aprendiendo cosas, desarrollando habilidades. Tomamos nuestras propias determinaciones y decisiones, paso a paso emprendiendo nuestro camino y no importa lo que hagamos o decidamos, cada acto de hoy tiene una trascendenciafutura. Hay cosas cuyos resultados se podrán apreciar en un futuro lejano. Otras, en cambio, pronto, muy pronto; a veces mucho antes de lo que podemos esperar, sus consecuencias se han de manifestar para bien o para mal. Como si cada decisión, cada paso, cada acto fuera una pelotita lanzada al aire. Tarde o temprano va a caer, y depende de nuestra habilidad, destreza, conocimiento y precisión; de cómo, qué tan alto, qué tan liviana o pesada sea y con qué cuidado la hayas lanzado, si al descender se estrellará en tu cabeza o hará daño a alguien más.
Hay decisiones, hay pasos importantes, de gran trascendencia para el futuro. Es cuando emprendemos una carrera, cuando decidimos formar una familia, tener un hijo. Las consecuencias se manifestarán durante todo el resto y hasta el final de nuestras vidas. Son las pelotitas más pesadas y las que más alto son lanzadas. Las amistades, las ocupaciones, lo que compramos o vendemos, lo cotidiano, son las pelotitas intermedias y las de baja altura. Pronto van a caer y cuando esto ocurra enseguida nos vamos a dar cuenta de qué tan bien o tan mal hicimos las cosas.
En cambio, hay actos de hoy, cuyas consecuencias se pondrán de manifiesto dentro de mucho tiempo. Así como me siento satisfecho de haber hecho las cosas bien en el pasado y hoy estoy disfrutando de la bendición, también hay muchas otras de las cuales hoy siento remordimientos, pesar, culpa, profunda preocupación. Yo sé en mi corazón que el Señor me ha perdonado, pero la adversidad de las imprecisiones, de los descuidos, de las cosas mal hechas en el pasado, se hará manifiesta un día y como una parte importante de mi vida, cada pelotita tan mal lanzada será en realidad una antorcha encendida golpeando sobre mi propia cabeza y haciendo daño a quienes más cerca están.
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.
(Salmos 90:12 RV60)No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
(Gálatas 6:7 RV60)
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