
Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios.
DANIEL 1: 2
A veces Dios permite que su obra sufra. En este caso, los babilónicos irrumpieron en el templo de Dios y se llevaron los utensilios de la adoración al templo de un dios babilónico. Ese dios puede haber sido Bel, el que los hebreos llamaban Merodac, dios supremo de los babilónicos. Los que amaban al Señor seguramente se sintieron descorazonados y desalentados.
Nos sentimos bien desalentados cuando nuestras iglesias sufren daños materiales, o divisiones, o se cierran por motivos económicos, o están plagadas de escándalos. No sabemos por qué Dios permite que su iglesia experimente tales calamidades. Pero, como los que presenciaron el saqueo del templo a manos de los babilónicos, debemos confiar en que Dios está al timón y vela por los que confían en Él.
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