“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es
envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es
egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la
maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo
lo espera, todo lo soporta”.
1
Corintios 13:7-7
¿No sería genial que el amor fuera como una
línea de una cafetería? ¿Cómo sería poder mirar a la persona con la que vives y
elegir lo que quieres y pasar lo que no quieres? ¿Qué pasaría si los padres
pudieran hacer eso con sus hijos? “Me sirvo un plato de buenas notas y de
sonrisas tiernas, y dejo las crisis de identidad de la adolescencia, y los
gastos de la universidad”.
¿Cómo sería si los chicos pudieran hacer lo
mismo con los padres? “Por favor, sírvame una ración de permisos y libertad,
pero nada de reglas o toques de queda. Gracias”.
¿Y entre esposa y esposo? “Que tal un plato de
buena salud y buen humor. Pero los cambios de empleo, los suegros y lavar la
ropa no forma parte de mi dieta”.
¿No sería también genial que el amor fuera
como una cafetería autoservicio? Sería más fácil y más agradable. Sería menos
doloroso y más tranquilo. Pero ¿Sabes una cosa? No sería amor. El amor no
acepta solo unas cuantas cosas. El amor es una disposición a aceptar todas las
cosas.


