
Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían.
DANIEL 3: 27
Ni el fuego ni el calor los tocó. No se encontró ninguna quemadura en ellos, ¡y ni siquiera olían a humo! Sólo la soga que los ataba se había quemado. Ningún humano puede atarnos si Dios quiere librarnos. El poder que tenemos a nuestro alcance es el mismo que liberó a Sadrac, Mesac y Abed-nego y que levantó a Cristo de los muertos (Efesios 1.18, 20). Confíe en Dios en medio de cada prueba. Las pruebas temporales llegan por motivos eternos; podemos agradecer que nuestro destino esté en manos de Dios, no en las del hombre.
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