domingo, 27 de julio de 2014

La promesa se recibe por fe


En Romanos 4:13 es evidente que la promesa que Dios le hizo a Abraham de que sería heredero del mundo, no fue mediante la ley sino por la justicia de la fe. Hoy, como pertenecemos a Jesús, somos semilla de Abraham y herederos de acuerdo a la promesa. Cuanto más creamos que somos justos en Cristo, más experimentaremos su provisión. Amigo mío, ser un heredero del mundo y caminar en las bendiciones de Abraham de salud, protección y provisión abundante viene por fe. Esto es creer que aunque no merecemos ninguna bendición de Dios, hemos sido hechos justos por el sacrificio y la obra consumada de su Hijo ¡y estamos calificados para recibir todas sus bendiciones! En la cruz, Jesús tomó nuestros pecados y nos dio su justicia. Tomó nuestra pobreza y nos dio su abundancia. Tomó nuestra vergüenza y nos dio su victoria. ¡Crea hoy que ha sido hecho justo por la obra consumada de Jesús y comience a caminar en las bendiciones de Abraham! 
Pero la justicia que es por la fe dice… —Romanos 10:6
Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos. —2 Corintios 4:13
La muerte y la vida están en poder de la lengua… —Proverbios 18:21
Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo… —Isaías 54:1

miércoles, 16 de julio de 2014

Benaía





Cuando Adonías organiza su banquete de celebración, prudentemente no lo invita. Sabía que este soldado no lo apoyaba en su intento de robar el trono. ¿Será que las personas que te conocen saben exactamente de qué lado estás?
Me hace acordar al relato de aquel muchacho que tuvo que ir, durante una semana, a un trabajo de campo en la universidad. Al regresar, la familia, preocupada, le preguntó si había enfrentado muchos problemas por sus creencias religiosas. La respuesta fue: “Ninguno. Ni cuenta se dieron de que era cristiano”.
Benanías apoyará el reinado de Salomón, no porque crea que este hijo es mejor o esté más preparado que Adonías, sino porque es el indicado por Dios. Respeta y ejecuta las órdenes, porque entiende que reflejan el ideal celestial para aquel momento de la historia del pueblo. No importa si forma parte de la mayoría o de la minoría, él está del lado del que obedece las órdenes divinas. No le interesa de qué lado quedaron sus amigos, sus mayores, los dirigentes; lo único que le interesa es saber dónde está el grupo que intenta someterse a la autoridad del Creador.
Muchos se esconden en la comodidad del anonimato. Se camuflan en las circunstancias. Se mueven en la dirección, a la velocidad y al ritmo de quienes lo rodean. Por eso, no es difícil encontrarlos en la iglesia diciendo “Amén”, cantando y respondiendo a los llamados. Son religiosos entre los religiosos. El problema es que también son irrespetuosos entre los irrespetuosos, mal hablados entre los mal hablados e inmorales entre los inmorales. Para ellos, la religión no es una cuestión de principios, sino de una circunstancia. ¿Consigues darte cuenta de que con esa actitud avergüenzas a tu Dios?
Benaía no tenía este problema. Los hombres y las mujeres leales ayudan para que el mundo sea un lugar más transparente, mejor para vivir y convivir. Con gente fiel y leal, sabemos dónde estamos pisando y no tenemos sorpresas desagradables. Sabemos lo que podemos esperar de ellos y lo que no conseguiremos nunca. Cristo era así. ¿No sería bueno imitarlo?



martes, 15 de julio de 2014

Un tiempo con Dios


Orando con sinceridad en todo tiempo


A veces pareciera que no tenemos claro el concepto de oración puesto que usamos constantemente una ya estructurada y repetitiva oración, a veces llenas de palabras que realmente no sentimos en nuestro corazón pero que repetimos creyendo que ello nos conllevará a conseguir de una forma más rápido el favor de Dios.
Otros han hecho de la oración nada más un medio para pedir y se olvidan de lo importante que es agradecer por lo que ya se tiene, a veces usamos la oración solo a través de la necesidad y mientras no tengamos una necesidad urgente no nos disponemos a orar.
Si cada uno de nosotros entendiera lo importante que es la oración y que ésta no solo se usa para pedir sino para comunicarnos con Dios y agradecer lo bueno que siempre es, podríamos hacer de ella un instrumento que nos ayudaría mucho en la vida cristiana, pero lastimosamente además de no saber orar, también la usamos mal.
Jesús aconsejó a sus discípulos diciéndoles: “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.” Mateo 6:7 Reina-Valera 1960 (RVR1960).
Las palabrerías o las repeticiones no harán que Dios nos escuche o nos conteste más rápido, y es que Dios no solo escucha sino que en su omnisciencia también conoce las intenciones de nuestro corazón sobre lo que pedimos y la disposición y fe con que lo hacemos. Puedes repetir mil veces que tienes fe en Él, pero si realmente dentro de ti no hay fe, Dios lo conoce; puedes repetir muchas veces que confías en él, pero Dios que conoce nuestro interior puede ver si es cierto o no.
El mejor momento para orar es en cualquier momento, no solo cuando estamos pasando por situaciones difíciles, sino también cuando todo va bien. La mejor forma de orar es siendo sincero, provocando que las palabras que de nuestra boca salgan, sean las que dentro de nosotros realmente sentimos. Las mejores palabras que podemos ocupar no son aquellas de las cuales no sabemos el significado, sino aquellas que describen con total humildad y sinceridad lo que en ese momento estamos sintiendo.
Orar es hablar con Dios y al hablar con Él solo cuenta la sinceridad porque por más que quisiéramos ganar su favor a base de palabras bellas que realmente no creemos o no sentimos no lo lograremos, la única forma de llamar la atención de Dios y recibir una respuesta es siendo humildes, sinceros y teniendo verdadera fe en nuestro corazón que al hablar con Él, Él nos está escuchando y nos ha de responder.
Orar es agradecer a Dios por todo lo bueno que ha sido y por todo lo que nos ha dado que en suma es mucho, no veamos solo lo malo que estamos enfrentando, sino que veamos lo bueno que por mucho tiempo hemos tenido y que en muchas ocasiones no hemos valorado.
Hablemos con Dios no solo en los momentos de necesidad, sino en todo tiempo, que mantengamos viva y fluida la comunicación con Dios, que nuestra vida este confiada en Él, que nuestra mente no se deje influenciar por lo que nuestros ojos humanos ven, que a través de la fe y la oración podamos hacer que nuestros ojos vean lo que nuestra fe en Dios puede hacer.
Dejemos de usar vanas repeticiones, hagamos a un lado la mucha palabrería y en su lugar seamos sinceros y humildes con Dios, dispongamos todo nuestro ser y que de nuestra boca solo salgan palabras sinceras y llenas de fe que muevan el favor de Dioshacia nosotros.

¡Oremos en todo tiempo con humildad y sencillez!

“Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes.”
Efesios 6:18