Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto....
Deuteronomio 8: 11-14a
¡Las «artimañas» del diablo son más peligrosas que sus ejércitos! En esta sección Moisés advierte a su pueblo acerca de los peligros de la prosperidad. Se olvidarían de los cuarenta años del cuidado de Dios, cuando Él les proveía de alimentos y de abundante ropa. Incluso, se olvidarían de la mano castigadora de Dios cuando pecaban. Y este olvido los llevaría a pecar: en su prosperidad y bendición en la «tierra que fluye leche y miel», llegarían a sentirse satisfechos en sí mismos y pensarían que su fuerza logró todas esas cosas.
¿No está ese pecado con nosotros hoy? A menudo cuando los tiempos son duros y tenemos que depender de Dios para nuestras necesidades diarias, nos acordarnos de Él y le obedecemos. Pero cuando «las cosas marchan bien» y tenemos más de lo que necesitamos, nos volvemos autosuficientes y nos olvidamos de Dios. «Él te da el poder para hacer las riquezas» (v. 18) es una afirmación que todos necesitamos recordar. Algunas veces Dios nos castiga para recordarnos quién está en control de la riqueza de este mundo.

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