“Y él se aparto de ellos a distancia como de un tiro de piedra, y puesto de rodillas oró diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Lucas 22:41,42 .
Con estas palabras, Jesús nos enseña que debemos someter nuestra vida y voluntad al control de Dios el Padre, pero aquí está nuestro dilema, nosotros lo queremos todo, y lo queremos ahora. Ya sea en lo material como en lo espiritual. Sin embargo, a la luz de la palabra, debemos entender que nada que valga la pena viene rápidamente, y nada que sea una bendición viene sin antes pasar por la prueba. La dirección divina, el control de Dios sobre nosotros sus hijos, abarca todos los ámbitos de nuestra vida física, mental, financiera, y espiritual. Si hemos tratado de obtener cosas para nuestro beneficio fiándonos de nuestras capacidades, sin dudas chocaremos diariamente contra un muro que no podremos derribar y nos llevará a la frustración.
Esperemos en Dios, confiemos en El, porque es el arquitecto de nuestro destino, y sabe cual camino nos conviene seguir.
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