Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:
Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,
Y cuyos pecados son cubiertos.
Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado
Romanos 4: 6-8
¿Qué hacemos con la culpa? El rey David cometió pecados terribles: adulterio, homicidio, mentiras, y aun así experimentó el gozo del perdón. Nosotros también podemos experimentarlo cuando:
(1) dejamos de negar nuestra culpabilidad y reconocemos que hemos pecado,
(2) reconocemos nuestra culpa ante Dios y pedimos su perdón, y
(3) desechamos la culpa y creemos que Dios nos ha perdonado.
Esto puede ser difícil, sobre todo cuando el pecado ha echado raíces y se ha enraizado por años, cuando es muy serio o cuando involucra a otro. Debemos recordar que Jesús quiere y está dispuesto a perdonar todos los pecados. Si tomamos en cuenta el alto precio que Él pagó en la cruz, es arrogancia pensar que algún pecado nuestro sea demasiado grande para que Él lo perdone. Aunque nuestra fe sea débil, nuestra conciencia sea sensible y los recuerdos nos atormenten, la Palabra de Dios declara que pecado confesado es pecado perdonado (1 Juan 1.9).

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