jueves, 16 de febrero de 2012

EL DIOS QUE CONSUELA

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación.
2 corintios 1: 3-5


Muchos piensan que cuando Dios nos consuela, nuestras aflicciones desaparecen; si así fuera siempre, mucha gente buscaría a Dios sólo para ser librada de las privaciones y no buscaría mostrar su amor por Él. Debemos entender que consolar puede también significar recibir fortaleza, ánimo y esperanza para hacer frente a las aflicciones. Cuanto más sufrimos, más somos consolados por Dios . Si se está sintiendo abrumado, permita que Dios lo consuele tanto como Él puede. Recuerde que cada problema que enfrente, luego se convertirá en una oportunidad para ministrar a otras personas que lleguen a padecer aflicciones similares.

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