lunes, 25 de marzo de 2013

EL ES MERECEDOR DE ALABANZA


Alabad a Dios en su santuario;
Alabadle en la magnificencia de su firmamento. Alabadle por sus proezas;
Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza. Alabadle a son de bocina;
Alabadle con salterio y arpa. Alabadle con pandero y danza;
Alabadle con cuerdas y flautas. Alabadle con címbalos resonantes;
Alabadle con címbalos de júbilo. Todo lo que respira alabe a JAH.
Aleluya.
Salmo 150: 1-6




De alguna manera, el libro de los Salmos hace un paralelo con un viaje espiritual a través de la vida. Comienza presentando al lector dos sendas: el camino a la vida y el camino a la muerte. Si elegimos el de Dios a la vida, enfrentaremos tanto bendiciones como problemas, alegrías como dolores, éxitos como obstáculos. Pero en todo el trayecto, Dios está a su lado, guiándolo, alentándolo consolándolo y protegiéndolo. Cuando la vida del justo llega a su fin, se hace muy evidente que ha escogido el buen camino. Saber esto lo hace alabar a Dios por llevarlo en buena dirección y por la seguridad de que pronto entrará en el mundo perfecto que Él tiene guardado para quienes lo han seguido con fidelidad.

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