
“No hay lugar en tu presencia para los altivos, pues aborreces a los malhechores.”
Salmos 5: 5
Es una verdad innegable, que una persona humilde y sencilla crea puentes de diálogo con quienes le rodean, y que con su actitud conciliadora constituyen una generación de hombres y mujeres cuya personalidad es atrayente, y es fácil que las personas les escuchen o les permitan interactuar con ellas.
Los orgullosos y arrogantes --en cambio-- experimentan el rechazo de quienes les rodean, y en muchas ocasiones, hasta son excluidos de cualquier actividad en la que se reúnen para distraerse o simplemente, conversar, porque con su actitud de soberbia y autosuficiencia, no crean las condiciones propias para que se les acerquen.
En la vida Cristiana, es una realidad: necesitamos ser humildes de Corazón. Jesús fue nuestro gran maestro en relación a la humildad y obediencia al Padre, y a través de este ejemplo, Jesucristo nos acercó una vez mas, al amor de Dios, quien nos ama desde el principio de la creación.
Dios ama la sencillez y no comparte con quienes tienen una actitud de altivez en su corazón
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