
El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu.”
Proverbios 15: 13
Una sonrisa no cuesta nada. Pero puede hacer mucho.
Derriba los muros de indiferencia, abre las puertas que en las personas apocadas se mantienen cerradas para evitar ser escudriñados y revela en quien la ofrece, una personalidad atrayente.
La sonrisa y la alegría son muy contagiosas. Pero de igual manera, lo son el mal humor y el pesimismo. Todo depende de la actitud que asumamos frente a la vida. Si hemos tomado la firme decisión de impactar a los demás con la vida de Cristo en nosotros, debemos mostrar una faceta diferente al resto del mundo, una faceta de optimismo y confianza en quien nos ha dado una nueva vida, y no una cara de pesadumbre, pesimismo o tristeza.
Un buen principio de vida cristiana práctica para asumir desde hoy, es sonreír. Representamos la generación de los vencedores en Jesucristo, por eso no tiene sentido que mostremos un rostro apesadumbrado que no va de acuerdo con nuestra vocación de fe en Jesús,
¡Sonría, es su forma de contribuir con un granito de arena a la transformación
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