jueves, 9 de junio de 2011

“BENDICE, ALMA MIA, A JEHOVA…”

Bendice, alma mía, a Jehová,

Y bendiga todo mi ser su santo nombre.

Bendice, alma mía, a Jehová,

Y no olvides ninguno de sus beneficios.

El es quien perdona todas tus iniquidades,

El que sana todas tus dolencias;

El que rescata del hoyo tu vida,

El que te corona de favores y misericordias;

El que sacia de bien tu boca

De modo que te rejuvenezcas como el águila.


SALMO: 103: 1-5

El salmo 103 es una hermosa composición que nos refresca el alma, y nos invita a dar a nuestro Dios toda la honra y la gloria que merece, y como no hacerlo, si su misericordia y amor es lo único que nos sostiene en este mundo.

Como podríamos no alabar su nombre si ha perdonado la interminable lista de pecados que traíamos a cuestas; como no decir que es grandioso, si nos ha sanado de todas las dolencias que había en nuestra alma debido al odio, al menosprecio, y a las desilusiones que acumulamos en los años que estuvimos lejos de su gloria.

Nuestra alma debería vivir maravillada al comprender que por medio de Jesús nos rescató de la muerte eterna, permitiendo que su preciosa sangre nos cubriera como un manto de amor y compasión que pudiese presentarnos ante su gloria, justificados y aptos para gozar de su magnificencia y esplendor.

De manera clara y hermosa usando la metáfora del águila y su transformación, el salmista ilustra como Dios nos sostiene en las distintas circunstancias de nuestra vida cuando, gracias

a su amor, somos redimidos del pecado y somos renovados a través de Jesucristo, nuestro redentor..

¡Gracias precioso Señor, Porque olvidaste mis pecados,

Gracias por alejar de mi toda iniquidad,

Eres amor…un amor tan extenso

Que abarca toda la eternidad.

Veo tu misericordia, y en cada latido de mi corazón,

“Bendice …Bendice alma mía al Señor…”

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