
“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores, adoraran al padre en espíritu y en verdad. Porque también el padre, tales adoradores busca que le adoren” Juan 4:23
Nuestro Dios es sabio, personal y dueño de un amor sin medida, y aunque nuestra mente no alcance a dimensionarlo, este “Dios grande y Rey sobre todos los dioses” puede habitar en el corazón de todos los que le adoran.
En este pasaje de las escrituras, se nos hace un vehemente llamado a reconocer todo lo que El es y lo que ha hecho por nosotros, cuando hizo patente su amor al entregarnos el don mas grande que la humanidad pudo recibir: su hijo Jesucristo, y que mediante su muerte redentora, pudiéramos tener libre acceso a su magnificencia.
La gratitud y devoción que debe haber en nuestro corazón por lo que Dios es y por lo que hizo por nosotros deben ser tales, que en todo momento, broten de nuestros labios cánticos de alabanza y de nuestros corazones una adoración sincera, reconociendo que estamos ante su majestuosa presencia y rendirnos por completo a El para que pose su trono en nuestro corazón.
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