lunes, 4 de mayo de 2015

Amor para el insignificante

"Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber, fui forastero y me dieron alojamiento."
Mateo 25.35

¿Cuál es el distintivo del salvo? ¿Su disposición a viajar a tierras extranjeras? ¿Su habilidad ara reunir un gran audiencia y predicar? ¿Sus hábiles plumas y volúmenes llenos de esperanza? ¿Sus grandes milagros? No.

El distintivo del salvo es su amor por lo insignificante.

Los colocados a la derecha de Dios serán quienes dieron comida al hambriento, bebida al sediento, calor al solitario, vestido al desnudo, consuelo al enfermo y amistad al prisionero.

¿Has observado cuán simples son las obras? Jesús no dice: "Estuve enfermo y me sanaste... Estuve preso y me liberaste... Estuve solo y me construirte una casa". No dice: "Estuve sediento y me diste consejo espiritual."

Sin fanfarria. Sin alboroto. Sin exhibición ante la prensa. Solo gente buena haciendo cosas buenas.

Porque cuando hacemos cosas buenas a otros, le hacemos cosas buenas a Dios.

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