lunes, 13 de abril de 2015

DIOS NUNCA SE RINDE

“Justo es el Señor, y ama la justicia; por eso los íntegros contemplarán su rostro”.
Salmo 11:7

Dios no se rindió. Él nunca se rinde.
Cuando a José lo echaron en una cisterna sus propios hermanos, Dios no se rindió.
Cuando Moisés dijo: “Heme aquí, envía a Aarón”, Dios no se rindió.
Cuando los Israelitas ya liberados añoraron la  esclavitud en Egipto en vez de la leche y la miel, Dios no se rindió.
Cuando Pedro lo adoró en la cena y después lo maldijo junto a la hoguera, no se rindió.
Y cuando unas manos humanas aseguraron las manos divinas a una cruz sirviéndose de grandes clavos, no fueron los soldados quienes sostuvieron en su sitio las manos de Jesucristo. Fue Dios quien las sostuvo.

“Dios estaría dispuesto a renunciar a su único hijo antes que a renunciar a ti”.

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