jueves, 15 de enero de 2015

Momentos milagrosos

"Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cisto."
Colosenses 2.9

Jesús no era un dios parecido al hombre, ni un hombre parecido a Dios. Era Dios hombre.

Un carpintero le sirvió de partero.
Un joven común y corriente lo bañó.
El hacedor del mundo con un ombligo.
Al autor de la Torá le enseñaron la Torá.

Humano celestial. Y porque lo fue, nos quedamos rascándonos la cabeza, medio pasmados, preguntándonos: ¿Qué hay de malo en este cuadro
? Momentos como estos:

Un lisiado patrocina la danza del pueblo.
La marienda de un niño satisface cinco mil estómagos.
Además, una tumba, vigilada por soldados, sellada con una roca, y sin embargo, un hombre que lleva tres días muertos la abandona.

¿Qué hacemos con tales momentos?

¿Qué hacemos con tal persona? Aplaudimos a la gente por hacer cosas buenas. Adoramos a Dios por hacer cosas grandes. Pero, ¿qué cuando un hombre hace cosas de Dios?

Una cosa es segura: no podemos hacer caso omiso de ese hombre.

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