miércoles, 7 de enero de 2015

El trabajo honra a Dios

Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo empeño; porque en el sepulcro, adonde te diriges, no hay trabajo ni planes ni conocimiento ni sabiduría."
Eclesiastés 9.10


El almanaque del cielo tiene siete domingos por semana. Dios santifica cada día. ÉL realiza su santa labor a toda hora y en todo lugar. Él hace extraordinario lo común al convertir en santuarios los fregaderos, en conventos los cafés, y en aventuras es
pirituales las jornadas laborales de ocho horas.

¿Jornadas laborales? Sí, jornadas laborales. Él ordenó el trabajo suyo como algo bueno. Antes de dar a Adán una esposa o un hijo, aun antes de cubrir su desnudez, Dios le dio un trabajo.

"Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase" (Génesis 2.15). La inocencia, no la indolencia, caracterizó a la primera familia.

Dios ve el trabajo conforme a su propio mandamiento inscrito en las tablas de la ley: "Seis días trabajarás, mas en el séptimo día descansarás" (Éxodo 34.21). De ese versículo, nos gusta la segunda parte. Pero el énfasis en el día de descanso puede hacernos ignorar al mandamiento de trabajar: "Seis días trabajarás". No importa si tú trabajas en tu hogar o en el mercado, tu trabajo es importante para Dios.

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