lunes, 25 de noviembre de 2013

CREER, PROCLAMAR Y ACTUAR

Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.
JUAN 19: 38-39





Cuatro personas cambiaron en el proceso de la muerte de Jesús. El malhechor, que agonizaba en la cruz próxima a Jesús, pidió que se acordara de él en su reino (Lucas 23.39–43). El centurión romano proclamó que Jesús verdaderamente era el Hijo de Dios (Marcos 15.39). José y Nicodemo, miembros del concilio judío y seguidores secretos de Jesús (7.50–52), dejaron de encubrirse. Estos hombres cambiaron más por la muerte de Jesús que por su vida. Descubrieron quién era y ese descubrimiento hizo aflorar en ellos fe, proclamación y acción. Al meditar en Jesús y su muerte, debemos llegar a lo mismo: creer, proclamar y actuar.

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