jueves, 17 de enero de 2013

DE DIOS ES LA GLORIA


No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros,
Sino a tu nombre da gloria,
Por tu misericordia, por tu verdad.
Salmo 115: 1



El salmista pidió que solo se glorificara el nombre de Dios, no el de la nación. Muy a menudo pedimos a Dios que su nombre sea glorificado junto al nuestro. Por ejemplo, tal vez oremos que nos ayude a llevar a cabo una buena obra y así se note nuestro trabajo. O quizás pidamos que una exposición tenga éxito para obtener un aplauso. No es malo verse bien o impresionar a los demás, el problema surge cuando queremos vernos bien sin importar lo que suceda con la reputación de Dios en el proceso. Antes de orar, pregúntese: «¿Quién se llevará el mérito si Dios contesta la oración?»

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