domingo, 16 de junio de 2013

MANTENGAMOS NUESTRA FE

Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.
Juan 2: 23-25



 El Hijo de Dios conoce todo lo relacionado con la naturaleza humana. Estaba al tanto de la verdad expresada en Jeremías 17.9: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» Nadie es capaz de conocer a fondo la maldad. Jesús discernía y conocía que la fe de algunos seguidores era superficial. Algunos de los mismos que proclamaron creer en Jesús, más tarde gritarían: «Crucifícalo». Es fácil creer cuando todo es emocionante y todos creen en la misma forma. Pero la fe firme permanece cuando no es popular seguir a Cristo.

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