martes, 20 de marzo de 2012

DEPENDAMOS DE DIOS

Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
2 CORINTIOS 12: 10


Cuando nuestras habilidades son sobresalientes o nuestros recursos son considerables, somos tentados a realizar la obra de Dios a nuestra manera, y eso conduce al orgullo. Cuando estamos conscientes de nuestra debilidad y permitimos que Dios nos llene con su poder, entonces llegamos a ser mucho más fuertes de lo que pudimos haber sido jamás dependiendo de nosotros mismos. Dios no pretende que nosotros seamos débiles, pasivos o ineptos, la vida provee suficientes impedimentos y problemas sin que los busquemos. Cuando estos obstáculos vienen, debemos depender de Dios. Sólo la labor que se cumple en su poder nos hace efectivos para Él y tiene valor perdurable.

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