Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin
él, nada de lo creado llegó a existir.
Juan
1:3
Hay olas de
crestas blancas que rompen en la playa con rítmica regularidad. Una tras otra,
las oleadas de agua salada ganan impulso, avanzan, se elevan y luego se
detienen como si saludaran a la playa antes de romper sobre la arena. ¿Cuántos
miles de millones de veces se ha repetido este simple misterio desde el
comienzo de los tiempos?
A la distancia
veo un milagro de colores. Azules mellizos. El azul del océano Atlántico se
encuentra con pálido celeste del cielo, separados solo por la línea del
horizonte.
Milagros.
Divinos milagros.
Son milagros
porque son misterios. ¿Puede explicarlos la ciencia? Sí. ¿Puede reproducirlos?
Hasta cierto punto.
Pero siguen, sin
embargo, siendo misterios. Son eventos que van más allá de nuestro
entendimiento y tienen su origen en otro plano. Son tan divinos como las aguas
del mar separadas abriendo camino en medio, como los inválidos que caminan,
como las sepulturas vacías.

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