Juan 4: 17-18
La única satisfacción es el don del Espíritu Santo, quien derrama el amor de Dios en nuestro corazón (Romanos 5,5) y nos da gozo y alegría (Hechos 13,52). Si hemos recibido este don, entonces la paz se encuentra en nuestro interior. No es necesario buscarla en lo exterior, en cualquier otra cosa. Sepamos que el Espíritu de Dios puede recuperar para nosotros el gozo de la salvación. Muy a menudo, no estamos conscientes de nuestras necesidades espirituales. Por ende, Jesús también a través de su Espíritu debe detectar esta necesidad convenciéndonos de nuestros pecados. Lo hace de una manera profunda, pero a la vez muy tierna; Él tocó con pocas palabras el pecado de la mujer samaritana, sin el ánimo de moralizar ni avergonzar. Él, pues, es el sumo sacerdote quien quitará en la cruz la culpa de todos sus hijos.

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