Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde.
Hechos 4: 3
No es frecuente que nuestro testimonio nos envíe a prisión como en el caso de Pedro y Juan. Sin embargo, corremos riesgos al tratar de ganar a otros para Cristo. Quizás estemos dispuestos a pasar una noche en prisión si esto guiara a cinco mil personas a Cristo. Pero, ¿acaso no debiéramos también estar dispuestos a sufrir por una persona? ¿Qué arriesga al testificar: rechazo, persecución? No importa los riesgos, tenga en cuenta que lo que hacemos por Dios no es en vano

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