viernes, 6 de diciembre de 2013

¡EL ESTA CONTIGO!

Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
Juan 20: 24-29



¿Ha deseado alguna vez ver a Jesús en la actualidad, tocarlo y escuchar sus palabras? ¿Hay momentos en los que quiere estar cerca de Él y su consejo? Tomás quería la presencia física de Jesús, pero el plan de Dios es más sabio. A Él no lo limita un solo cuerpo físico, quiere estar con usted siempre. Aunque Él está con usted en la persona del Espíritu Santo, también puede hablarle y hallar sus palabras en las páginas de la Biblia. Él puede ser tan real para usted como lo fue para Tomás.
Jesús no fue duro con Tomás a pesar de sus dudas. A pesar de su escepticismo, Tomás seguía siendo fiel a los hermanos en la fe y a Jesús mismo. Algunos necesitan dudar antes de creer. Si la duda motiva preguntas y estas provocan respuestas y se aceptan las respuestas, la duda ha cumplido una labor positiva. En cambio, cuando la duda se convierte en terquedad y esta se vuelve crónica, la duda daña la fe. Cuando dude, no se detenga allí. Deje que la duda profundice su fe a medida que busca la respuesta.

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