¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.
Juan 8: 46-47
En varios lugares Jesús desafió con toda intención a sus oyentes a ponerlo a prueba. Aceptaba gustoso a los que deseaban cuestionar sus declaraciones y su carácter, siempre y cuando tuviesen disposición de obrar en base a lo que descubrían. El desafío de Jesús sacaba a la luz las dos razones más frecuentes que las personas pasan por alto cuando se encuentran con Él:
(1) nunca aceptan su desafío de ponerlo a prueba, o
(2) lo ponen a prueba pero no están dispuestos a creer lo que descubren.
¿Ha cometido usted alguno de estos dos errores?

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